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16/02/2001
La Cuenca del Plata. El Estado y la necesidad de una visión sustentable sobre su aprovechamiento y t
Jorge Oscar Daneri
Paraná, 16 de febrero de 2001. Las contradicciones. Desde las ideologías de izquierda democrática, inclusive desde el centro del espectro de las ideas políticas se consideraba que todo lo que pretendía ser una reforma de las estructuras del Estado, era para fortalecerlo en sus roles o funciones que se decían indelegables. Reforma, una palabra simbólica y llena de valor político para el Radicalismo, pasa a ser desde la invasión del Menemismo al Estado -de todos-, achicamiento, debilidad, ausencia en aquellas problemáticas que hacen al interés público, como lo es ni más ni menos, el tener capacidad pública para desarrollar una estrategia de desarrollo sustentable, por ejemplo, en la Cuenca del Plata. La nueva gestión de gobierno de la Alianza no ha revertido este vacío. No quiero decir que lo continua. Continuar con una política de la omisión es estar convencido que así debe ser. Pero, ¿qué es desarrollo sustentable?. Una definición clara y accesible se encuentra en la Constitución Nacional que nos enseña: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras y tienen el deber de preservarlo. ..." (Art. 41) La concertación ficticia. Esta realidad indica una sorprendente falta de visión sobre la importancia vital que para el desarrollo del País tiene este delicado sector o región ecológica y económica, como lo es la cuenca del plata, lo que puede traer serias consecuencias para el futuro inmediato. Buscando ejemplos: El problema del sábalo y lo que su exterminio pueda significar para la cadena de la vida en nuestro Ríos. La obsesión de algunos en avanzar con el originario proyecto menemista de la Hidrovía Paraguay-Paraná como un proyecto de vía de comunicación, cuando es en realidad un modelo de desarrollo excluyente en términos sociales-laborales y concentrador de la economía de sus beneficiarios, grandes empresas multinacionales que en la alta y media cuenca potencian la destrucción de la diversidad biológica, de las naciones aborígenes, de las comunidades de pescadores y pequeños agricultores, con todas las historias, culturas y vidas que esto implica. Otros desde Buenos Aires sueñan en rescatar viejas obras, ahora nuevas, en la represa de Salto Grande sin el mínimo detalle en cuanto a las previsiones de debate y concertación con las Provincias, Municipalidades y pueblos involucrados.No hablemos de evaluaciones de estudios de impacto ambiental, audiencias públicas o cuestiones que puedan debilitar el proceso decisorio de algo que parece ser la cultura de los hechos consumados desde el poder de la tecnocracia central, que parece mentira, tiene una sorprendente capacidad de inmunidad continuista en las estructuras del Estado Nacional que se pretende reformar. El conocimiento en el Estado Argentino. No se puede continuar con esta tendencia suicida. La inexistencia de compromiso y voluntad para diseñar el rol evaluador de estudios de impacto ambiental por parte de la máxima área ambiental del País, es quizás uno de los problemas sustanciales que nos imposibilita brindarnos un debate serio sobre muchas iniciativas de obras públicas, algunas seguramente útiles para la Nación y otras solo más de lo mismo. Mas de lo que la historia y la experiencia nos dice que no debemos hacer, pero se insiste movidos por la ignorancia, los intereses espurios, la visión mezquina y mediocre de los que "militan" en política con el único objetivo de llegar al poder para seguir jugando al ajedrez de los especuladores en provecho propio. Son los que miden cada decisión en función de sus propios intereses políticos y no de los intereses del conjunto de la Nación. Recuperar la capacidad de investigar, de estudiar y relacionar estos procesos con la capacidad y seriedad decisoria del Estado en los organismos responsables de garantizar la vida y la sustentabilidad de los habitantes de la Nación y la preservación de sus sistemas ecológicos, es sustancial para comenzar primero a respetarnos a nosotros mismos, a nuestra gente, sus formas de vida, sus historias y sus culturas. El compromiso social, la convicción política. Gobernar con miedos, ayuda solo a fortalecer un Estado que los argentinos o muchos de los habitantes de esta tierra no queremos. Lograr lo que Menem pretendió. La coronación del Estado desertor. Repensar, saber mirarnos, reconocernos. El ejemplo de la Cuenca del Plata, es paradigmático. Brasil destruyó sus ríos con cientos de represas. En Argentina parece que queremos seguir el mismo camino. Lo grave es que se niega lo que los pueblos de las provincias -maduros y comprometidos- hace pocos años han votado en referéndum, leyes, o expresado en encuestas de opinión. Esto también ratifica que somos por lo menos dos países. Los habitantes y gobernantes de la gran ciudad y los otros, gobernados por aquellos. ¿Que pasa cuando se accede al poder y se olvidan los discursos, la realidad, lo absurdo, las lágrimas de la niña de la isla o el bosque, la risa del gurí del monte o el desierto. Que nos pasa?. Seguramente el Maestro Sabato lo explica en su magistral obra "La Resistencia" (junio-2000. Seix Barral). Parecería ser que la gran ciudad penetró las ideologías y produce un hombre ciego, un hombre enfermo que cuando accede al poder queda hipnotizado por tantas contradicciones secundarias. Política sustentable. Sin memoria. Que los maestros de nuestras viejas escuelas públicas no se enteren de los nombres de algunos de los que presiden el nuevo instrumento de la educación virtual en Argentina. Muchos, seguramente deseábamos ver y gozar de la presencia activa de seres como Marta Maffei o tantos otros maestros que la Argentina anónima, todavía nos brinda. Precisamente, si de la Cuenca del Plata se trata, es decir de nuestros ríos, su historia y futuro, bien vendría leer todas las conclusiones y recomendaciones de tantos Encuentros que la CTERA generó con ciento de organizaciones sociales y políticas durante la era menemista para lograr defenderla y proponer alternativas a escala humana. Esta riqueza no la podemos desaprovechar. Sería definitivamente no tenernos respeto, perder la memoria.
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